Saturday, July 18, 2009
La poética de Raúl Salinas
The Great Don Francisco de Quevedo
Don Francisco de Quevedo and Villegas was born in Madrid, in 1580, and died in Villa Nueva de los Infantes in 1645. A contemporary of Cervantes, Quevedo was very witty and had a very, very, sharp tongue. He was often involved in polemical fights with his fellow poets Luis de Góngora and Lope de Vega, fights in which literature—particularly sonnets—was the primary weapon. These sonnets are often insulting and degrading and very funny—a highly recommended reading!
Quevedo was lame and walked with a cane; he always wore round glasses and had a mighty fist in fights. He was a theologian, an extremely well read and educated man. In his youth, he studied philosophy and classical languages, and then he went on to earn his doctorate degree. It is suspected that he killed somebody and fled to Italy for some time, but others claim that he went to Italy with his protector, a duke, for a business trip. He wrote several volumes of prose and poetry, including but not limited to: El buscón (the scoundrel), Los sueños (visions), “Cartas del caballero de la tenaza” and Poemas a Lisi (poems to Lisi).
Don Francisco is particularly interesting because he could go from the extreme of “vulgarity” to the extreme of divinity, which is very amusing. You can read him and laugh—with some of his “vulgar” texts—and then enter in a deep state of meditation when you read his metaphysical poems.
In case you are interested in comparing, it is know that Lord Byron was a reader of Quevedo and even wrote a poem called “The Vision of Judgment,” in which he takes the pen name “Quevedo redivivus,” meaning Quevedo Revived. [Perhaps] this sympathy toward Quevedo was born out of their lameness and their tormented souls.
The text we read in class is the following; you can find it in his book Visions, under the section called “Sueño del infierno” (perhaps translated as “The Vision of Hell”):
[Quevedo, here, is in hell seeing how “el diablo” punishes two hidalgos (= hijo de algo {son of something or someone})]
-¿Qué es esto? -dije; cuando veo dos hombres dando voces en un alto, muy bien vestidos con calzas atacadas. El uno con capa y gorra, puños como cuellos y cuellos como calzas. El otro traía valones y un pergamino en las manos, y a cada palabra que hablaban se hundían siete o ocho mil diablos de risa, y ellos se enojaban más. Llegueme más cerca por oírlos y oí al del pergamino, que a la cuenta era hidalgo, que decía:
-Pues si mi padre se decía tal cual, y soy nieto de Esteban cuales y tales, y ha habido en mi linaje trece capitanes valerosísimos y de parte de mi madre doña Rodriga diciendo de cinco catedráticos, los más doctos del mundo, ¿cómo me puedo haber condenado? ¡Y tengo mi ejecutoria, y soy libre de todo y no debo pagar pecho!
-Pues pagad espalda -dijo un diablo; y diole luego cuatro palos en ellas que le derribó de la cuesta, y luego le dijo:
-Acabaos de desengañar que el que desciende del Cid, de Bernardo y de Gofredo y no es como ellos, sino vicioso como vos, ese tal más destruye el linaje que lo hereda. Toda la sangre, hidalguillo, es colorada, y parecedlo en las costumbres, y entonces creeré que descendéis del docto cuando lo fueras o procuraras serlo, y si no, vuestra nobleza será mentira breve en cuanto durare la vida, que en la chancillería del infierno arrúgase el pergamino y consúmense las letras, y el que en el mundo es virtuoso, ese es el hidalgo, y la virtud es la ejecutoria que acá respetamos, pues aunque descienda de hombres viles y bajos, como él con divinas costumbres se haga digno de imitación, se hace noble a sí y hace linaje para otros. Reímonos acá de ver lo que ultrajáis a los villanos, moros y judíos, como si en estos no cupieran las virtudes que vosotros despreciáis. Tres cosas son las que hacen ridículos a los hombres: la primera la nobleza, la segunda la honra y la tercera la valentía; pues es cierto que os contentáis con que hayan tenido vuestros padres virtud y nobleza para decir que la tenéis vosotros, siendo inútil parto del mundo. Acierta a tener muchas letras el hijo del labrador, es arzobispo el villano que se aplica a honestos estudios; y el caballero que desciende de buenos padres, como si hubieran ellos de gobernar el cargo que les dan, quieren (ved qué ciegos) que les valga a ellos viciosos la virtud ajena de trescientos mil años, ya casi olvidada, y no quieren que el pobre se honre con la propia.
~Quevedo, el sueño del infierno
